2007-09-27 1621 lecturas
Comunicaciones G-80
Divisiones en periódico del Partido Comunista
CONFLICTO EN SEMANARIO EL SIGLO
Esta es una noticia que no quisiéramos publicar. Profundas divisiones ocurren hace algún tiempo en el Semanario EL SIGLO, medio escrito del Partido Comunista de Chile. Es lamentable que en un medio de comunicación que es heredero de la prensa obrera del siglo XX, hoy se produzcan quiebres y enfrentamientos.
Comunicado Sindicato de Empresa Editorial Siglo XXI (Semanario El Siglo)
Empresa se niega al diálogo con los trabajadores y mantiene prácticas antisindicales
Los trabajadores del semanario El Siglo asociados en su sindicato, lamentamos profundamente tener que informar acerca del giro cada vez más negativo que han tomado los hechos relativos a las relaciones trabajadores-empresa.
Desde la constitución de nuestro sindicato, el 9 de marzo pasado, se han producido una serie de medidas de abierto rechazo y hostigamiento contra nuestra organización sindical y sus integrantes por parte de la empresa.
Se ha buscado por todos los medios desprestigiar a nuestra organización y sus miembros, en especial a sus dirigentes. Esto se ha realizado sin dar oportunidad de responder y/o aclarar aquellas acusaciones que se propagan en nuestra contra, la mayoría de ellas basadas en inexactitudes, como también en abiertas falsedades, incluido el afirmar que los trabajadores de El Siglo seríamos funcionarios del Partido Comunista de Chile.
Cuando nos enteramos de que vendría una ola de despidos, nos organizamos para defender el derecho fundamental a ser desvinculados con los mínimos resguardos que establece la precaria Ley del Trabajo, e incluso contribuimos a que los dos primeros compañeros despedidos negociaran y obtuvieran una mínima cobertura económica de parte de la empresa.
Esperábamos que ese diálogo se mantuviera, pero con los siguientes exonerados no hubo intención alguna de negociar nada y la empresa endureció su posición, al punto de obligarles a recurrir a los Tribunales del Trabajo con sendas demandas.
Los intentos por retomar el diálogo fueron desechados por la empresa, con la que se estableció una tregua, sin manifestaciones públicas nuestras y sin nuevos despidos, que se extendió por tres semanas. Sin embargo, voces amigas nos advirtieron de que vendrían nuevas represalias, pues la empresa intentaba disolver el sindicato por medio de varias medidas. Entre las primeras disposiciones presentó una objeción ante la Dirección del Trabajo, sobre la legalidad del sindicato y nuestra condición de trabajadores dependientes de ella, en particular del presidente del sindicato, el compañero Julio Oliva. Se argumentó que sólo prestábamos servicios externos al periódico y que no teníamos relación de dependencia con la empresa, pese a que tenemos un promedio de diez años de trabajo en ella.
La Dirección del Trabajo falló recientemente a nuestro favor y nos confirmó como trabajadores dependientes de esta empresa, ratificando también la legalidad del sindicato.
Ante la inminente medida de terminar con nuestra organización sindical mediante la reducción de trabajadores asociados a ella, adoptamos la iniciativa de presentar nuestra propuesta de negociación colectiva, para enfrentar nuestra eventual desvinculación protegidos por el fuero legal y poder alcanzar un acuerdo de despido en buenos términos para todos.
Nuestra propuesta consiste en un contrato colectivo que solicita aumento salarial (nuestros sueldos están congelados desde el año 2.000), de los aguinaldos, bonos de locomoción y colación, y el pago de una indemnización, mucho menor a un mes por año de servicio, cuyo monto difiere caso a caso de acuerdo a la antigüedad. Esta última parte es absolutamente ínfima al monto que podrían alcanzar las multas que puede sufrir la empresa por la no escrituración de los contratos y el no haber pagado cotizaciones previsionales durante años. La propuesta se presentó, como en toda negociación, para conversar con la empresa y encontrar de común acuerdo la salida que menos perjudicara a las partes, incluida la alternativa de aceptar que nos despidieran a todos, contemplando el pago de indemnizaciones a negociar.
La empresa rechazó la propuesta en todos sus puntos, e insistió en la ilegalidad de nuestro sindicato y en que no éramos trabajadores dependientes de ella.
La Dirección del Trabajo rechazó la nueva presentación del empleador, ratificó la legalidad del sindicato y la emplazó a responder nuestro petitorio en tiempo y forma acorde a lo establecido por la ley, en el marco de la negociación colectiva. Plazo que se cumple por estos días y en el cual tampoco hemos percibido voluntad de dialogar, lo que traerá aparejada una serie de graves multas.
Cinco días antes de conocerse esta resolución, y en medio de la negociación colectiva, fueron notificados verbalmente los compañeros Julio Oliva y Raúl Blanchet, presidente y secretario del sindicato respectivamente, de que serían despedidos. La notificación verbal se produjo al mismo tiempo en que se nos daba a conocer la respuesta negativa de la empresa al petitorio y la ya mencionada presentación hecha por el empleador ante la Dirección del Trabajo.
Tras la información verbal de nuestra desvinculación laboral, acudimos a la Inspección y estampamos la denuncia por haber sido despedidos durante el proceso de negociación colectiva, lo que es ilegal pues como se sabe, todos los socios del sindicato estamos protegidos por fuero durante el período de negociación.
La Inspección del Trabajo ordenó nuestro inmediato reintegro a las labores y la empresa firmó un acta ante la autoridad comprometiéndose a reincorporarnos en las mismas labores que desempeñábamos al ser notificados. Sin embargo sólo a uno de los reincorporados se le dio trabajo normal. Al segundo se le asignó algo muy vago y fue desplazado de su lugar habitual de trabajo. El computador en que realizaba sus labores fue cambiado de lugar y finalmente retirado de las dependencias en que funciona la empresa, como lo hicieron con el computador estratégico en la producción del medio, lo que impidió definitivamente que el trabajador pudiera concluir su labor iniciada los días anteriores. Al concluir la jornada, tal como lo hicieron en la semana en que se comunicó la separación de funciones, se dejaron sin publicar las crónicas asignadas a los despedidos ilegalmente.
Los actos hostiles en contra de nuestros socios son mucho más numerosos que los relatados. Hemos intentado resumir los más notorios, para ilustrar la descripción del momento que vivimos y el conflicto que enfrentamos.
Resulta amargo constatar que, una empresa inspirada en la conquista y defensa de los derechos de los más desprotegidos de la sociedad, y muy especialmente de los trabajadores, actúe igual o peor que todos los empleadores en contra de sus trabajadores cuando organizan sindicatos e intentan negociar mejoras a sus condiciones laborales. Lo que resulta más grave aún, cuando se recurre a prácticas antisindicales, iguales a las que denunciamos número a número en las páginas de nuestro semanario.
Por otro lado, queremos dar nuestro más fraternal agradecimiento a quienes, a pesar de la campaña de difamación en nuestra contra, asistieron o enviaron sus saludos de solidaridad al acto de aniversario de El Siglo que organizamos los trabajadores el jueves 30 de agosto.
Por el Sindicato de Trabajadores de Editorial Siglo XXI (Semanario El Siglo)
Julio Oliva García, Presidente.
Raúl Blanchet Muñoz, Secretario.
Ana Muga Sáez, Comisión Negociadora.
Jorge Texier Avellaira
Magdalena Muñoz Gutiérrez
Eliana Gómez Sáez
Jorge Zúñiga San Martín
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Una opinión sobre el conflicto en el Semanario EL SIGLO
1.- Un problema político
Con tristeza nos hemos enterado que un grupo de trabajadores de El
Siglo, que corresponden al 50% de quienes laboramos en este semanario,
iniciarán una huelga legal. Lo lamentamos porque es el paso que
culmina un proceso que no ha hecho más que reflejar las diferencias
que los compañeros que formaron y dirigen este sindicato mantienen con
nuestra línea política y que han elegido expresar erradamente a través
de la conformación de una organización sindical, no como una
herramienta de lucha en contra de un patrón capitalista, sino para
hacer un "gallito" al proyecto político que sustenta El Siglo y en
último caso sacar dividendos económicos de una situación que
voluntariamente elegimos.
Tal como ellos mismos reconocen en el comunicado sobre su huelga, "por
muchos años compartieron", como tantos otros, un proyecto político que
se reflejó en El Siglo, razón por la que dicen "aceptaron estas
condiciones" de trabajo. Hoy, claramente, al menos los compañeros que
conducen este "sindicato" ya no comparten nuestras ideas ni opciones y
por ello, mantuvieron conductas impropias durante su participación en
el Congreso comunal, regional y nacional realizado el año pasado y
luego pretendieron extender su "disidencia" y reflejarla en las
páginas de El Siglo, a través de acciones y omisiones.
Su falta de humildad comunista, los lleva incluso a reclamar en uno de
los mail que han hecho circular, que no se toman en cuenta sus ideas
en la dirección del semanario o que se instaló una dirección
antidemocrática, como si por ser periodistas o por cumplir funciones
en El Siglo, sus ideas debieran tenerse más en cuenta que las de un
militante de Punta Arenas o de Cerro Navia. O como si la línea
editorial, que se corresponde obviamente con la línea política
aprobada por el conjunto, pudiese estar en debate permanente o
relativizarse en una especie de foro elitista en la que se pretendían
se convirtiera la reunión de pauta semanal.
2.- Las Demandas
Digamos las cosas como son. El así llamado "sindicato", no tiene nada
que ver con los que se conforman y ayudamos a conformar todos los días
a lo largo de Chile. Este "sindicato", es una organización formada no
con el objetivo de arrebatar al capitalista sus jugosas ganancias y
plusvalía fruto de la explotación, sino por el contrario, para
intentar meter una cuña en un partido revolucionario y para desviar a
sus propios bolsillos los esfuerzos de miles de trabajadores y
militantes anónimos que compran el diario o pagan sus cotizaciones con
el objeto de sostener la independencia de este medio de comunicación,
el único con que cuentan los trabajadores.
Nadie llegó a trabajar en este medio por un aviso económico o por un
test de capacidades, de hecho ninguno de ellos es periodista ni
escribió antes en otro medio de comunicación, sino que llegaron a
través de su compromiso político e incluso más de uno se había
desempeñado antes en otras funciones políticas, por lo tanto
claramente la labor en El Siglo no corresponde a un "empleo", sino a
una destinación política por la cual se recibe un aporte económico
para permitir una dedicación mayor de tiempo que la que hacen el resto
de nuestros compañeros, que además de asistir a reuniones o ser
dirigentes, deben trabajar en la producción privada para poder
sobrevivir.
Los compañeros, Oliva y Blanchet, reclaman que a diferencia de sus
compañeros, tienen contrato a honorarios, el que habrían firmado por
"hacerle un favor a la empresa", la verdad es que cuando se hicieron
los contratos, estos dos compañeros pidieron quedar a honorarios para
que no se les descontaran imposiciones y en cambio recibir devolución
de impuestos.
Trabajar en El Siglo o en otra labor política, es una opción
voluntaria, como lo fue para tantos y tantos en nuestra historia,
desde el propio Elias Lafferte, que alguna vez durmió en una
colchoneta junto a la imprenta de El Despertar de los Trabajadores,
hasta nuestros pasados y actuales dirigentes, los desaparecidos y los
sobrevivientes, que en tiempos de clandestinidad debieron enfrentar no
sólo la persecución y la muerte, sino también las apreturas económicas
y hasta el hambre, cuando no se lograba contar con recursos
económicos.
Es cierto que los sueldos no son altos, aunque al menos cumplen con el
monto que proponemos como salario mínimo (lo que se denuncia como
salario del compañero que edita las páginas internacionales en
realidad no es tal, sino sólo un aporte por algunos artículos que
edita desde su casa y que entrega los días martes).
Por otra parte, para quienes no son militantes (dos personas),
seguramente es difícil vivir con este sueldo, sin embargo imaginamos
que nadie busca trabajo en un semanario como El Siglo pensando en su
desarrollo económico, por otra parte esta suma no contempla una
jornada completa de trabajo, a lo más cinco horas diarias y en horario
libre.
Entendemos que esa entrega generosa puede no ser permanente y
entonces, cuando las necesidades son mayores o cuando se tienen
perspectivas personales de un mayor desarrollo económico, lo legítimo
es expresarlo honestamente, buscar un empleo en la producción más
acorde con las expectativas de salario y dejar ese lugar a un
compañero que sí esté dispuesto al sacrificio, pero no es legítimo en
cambio aprovechar la debilidad de ese "acuerdo tácito" entre
compañeros, para mostrarlo como un abuso laboral de un patrón
explotador. Aquí no hay ganancias que repartir, aquí no hay riqueza
mal distribuida por la avaricia de los "Ejecutivos de la Empresa",
aquí los salarios de los trabajadores de El Siglo los pagamos entre
todos.
Para ser francos tenemos que decir también que algunos compañeros, con
la errada idea de que por ser militantes o dirigentes de alguna
estructura política tenían asegurado un puesto laboral remunerado,
restaron sus mejores esfuerzos al trabajo, asistiendo apenas unas
cuantas horas al semanario, entregando trabajos de mala calidad, sin
reportear o bajados de internet, recargando a otros compañeros de
trabajo con sus atrasos que muchas veces se reflejaron en que el
diagramador debía permanecer despierto una jornada de 24 horas
seguidas para poder atender las necesidades de compañeros que llegaban
a iniciar sus notas en la tarde del día de cierre, que no aceptaban
instrucciones y que incluso insultaban a otros trabajadores por creer
seguramente que su condición de militancia les protegía.
Todo ello puede ser corroborado por cualquier fiel lector de El Siglo,
que al hojear las páginas de los últimos doce meses se encontrará con
no más de dos páginas por cada uno de estos compañeros, Julio Oliva y
Raúl Blanchet, muchas de ellas sacadas casi íntegramente de Internet o
sólo con reportes telefónicos. En el caso de otro de los compañeros
despedidos y que está en juicio con El Siglo, escribía una o dos notas
a la semana. Preguntamos ¿una o dos notas, dos páginas a lo más,
pueden ser el fruto de 45 horas de trabajo que corresponderían a una
jornada legal?. Preguntamos ¿Cuántos trabajadores recibieron la visita
del periodista Raúl Blanchet, encargado laboral, en los lugares en que
desarrollaban sus huelgas? Algunos estarán agradecidos porque al menos
aparecieron en el diario, pero ¿Es ese el máximo esfuerzo que podemos
hacer? . Estamos convencidos de que cuando hay compromiso, cuando hay
ganas se puede hacer más y que con mayor razón quienes recibimos un
aporte económico por nuestro trabajo deberíamos ser los más jugados,
los primeros en llegar y los últimos en irnos.
Finalmente y para entender mejor este conflicto, es bueno conocer el
contenido del Proyecto de Contrato Colectivo presentado, en el que se
solicitan beneficios tan inéditos como que en caso de renunciar
voluntariamente se les indemnice con el 80% de lo que les
correpondería si se les despidiera y donde se exige al semanario pagar
"como indemnización por las carencias sufridas en estos años", desde
cifras cercanas a los dos millones, para Magdalena Muñoz y Ana Muga,
hasta casi 4 millones para los dirigentes del sindicato, Raúl Blanchet
y Julio Oliva.
Quienes conocen la realidad de El Siglo, saben que el semanario no
tiene ganancias y a duras penas se costea, muchas veces con el trabajo
voluntario de compañeros que nos aportan con artículos,
corresponsalías, ayudando en la parte administrativa o en la
distribución.
Por lo tanto al solicitar esa cifra (17 millones en total, sin contar
con otros beneficios como bonos de escolaridad, etc) lo que se busca
es crear un problema financiero y político al Partido, objetivo tras
el cual se han reunido con el Colegio de Periodistas e incluso han
hecho aparecer sus denuncias en medios como El Mercurio y sitios en
Internet, conocidos por su anticomunismo.
La respuesta a este tipo de maniobras por parte de todos aquellos
quienes nos sentimos interpretados por este semanario debe ser
contundente: trabajar más, reportear más, esforzarnos el doble en
vender nuestro semanario, en difundirlo entre nuestros amigos y
familiares, en aprovechar sus artículos para estudiar y luchar más y
mejor.
Porque a pesar de cualquier intento de debilitarlo, que este no es el
primero ni será seguramente el último, nuestro "cañón de largo
alcance" seguirá llegando a todos los rincones de Chile para impulsar
la causa más hermosa de todas, la de la construcción de un país justo,
libre y democrático. Y con ese desafío estamos todos comprometidos.
Dolores Cautivo
Luis Cordova
Danae Prado
Claudio Valenzuela
Erica Vásquez
Elcira Navarro
René Amigo
Trabajadores y colaboradores del Semanario El Siglo
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