2008-03-07 796 lecturas
Tito Tricot
especial para G-80
Agresión a Ecuador
La guerra del imperio y la vietnamización del conflicto
Esa noche el grito de la selva se vistió de silencio en medio del fuego enemigo. Y volaron asustados los guacamayos anunciando la guerra del imperio, porque no cabe duda que tras la operación militar colombiana en territorio ecuatoriano está Estados Unidos. Como lo ha estado siempre en la historia de América Latina, acribillando de palabra y de fusil a todo intento libertario. Es que Estados Unidos pareciera portar un odio visceral contra todos aquellos países que osan transitar por un derrotero distinto al capitalismo. Por lo mismo, la masacre de un contingente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) trasciende el objetivo puramente militar de destruir un campamento guerrillero. El objetivo político principal es la desestabilización de la sub-región norte de Sudamerica para imponer una lógica de guerra que, eventualmente, justifique una intervención abierta o encubierta en Venezuela.
A Estados Unidos ya no le basta con la imposición de los Tratados de Libre Comercio (TLC) que han ampliado la pobreza y la dependencia estructurales en el continente, sino que también busca imponer sus criterios geopolíticos que dicen relación con la ampliación de sus fronteras en la forma de un dominio absoluto de América Latina y el mundo. Lo hace aludiendo a una supuesta guerra contra el terrorismo y el narcotráfico y, por supuesto, en defensa de la democracia. Sin embargo, ni el terrorismo proviene de Venezuela ni la democracia de Estados Unidos, por el contrario, el terror ha sido incoado en ese país y se expresa en los bombardeos a civiles en Irak y Afganistán, en las cárceles secretas de la CIA en Guantánamo y otros países europeos; en la tortura a prisioneros y en el apoyo incondicional a Israel que utiliza dichos recursos para invadir territorio palestino o El Líbano.
Por otro lado, más allá de lo que opinen algunos, el gobierno de Venezuela ha sido democráticamente electo y democráticamente consolidado, mientras Estados Unidos posee un sistema político elitista que excluye a la mayoría de sus ciudadanos del proceso de toma de decisiones. En la peculiar democracia estadounidense la soberanía no reside en el pueblo y, por ello, la elite dominante no trepida en violar la soberanía de otros Estados, pues sus intereses económicos y políticos son más importantes que cualquier noción de soberanía, sea esta popular o territorial. Y de ello saben Guatemala y República Dominicana, Nicaragua y Chile, Bolivia y Venezuela, entre otros. Y ahora Ecuador que vio hollada su dignidad allá, en el centro del mundo, al ser agredido por el ejército colombiano con la evidente connivencia de Estados Unidos.
La vietnamización del conflicto
Es la guerra del imperio contra las FARC, contra Ecuador y Venezuela, Bolivia y Cuba que se ha vestido de ejército colombiano para vietnamizar el conflicto oponiendo a hermano contra hermano. Claro, así es más fácil, dejar que otros libren la guerra por ti, de manera que las victimas sean latinoamericanos y no estadounidenses. Por lo tanto, se vislumbra un doble peligro: en la esfera política y económica, Estados Unidos alienta y sustenta la creación de un bloque neoliberal con Perú, Colombia y Chile para contrarrestar los avances o profundos cambios sociales verificados en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Asimismo, en el ámbito militar, utiliza a ejércitos nacionales en la región para realizar el trabajo sucio, como ya lo hizo en la década de los setenta y setenta con la instalación de las dictaduras militares, prístina expresión de la Doctrina de Seguridad nacional. Entonces, todos los gobiernos, todos los pueblos y todas las instituciones deben condenar categóricamente a Colombia por haber invadido territorio ecuatoriano y a Estados Unidos por haber prestado apoyo de inteligencia y logístico. De lo contrario, se sienta un peligroso precedente que atenta contra la integridad territorial y contra la soberanía de los países de la región. No puede imponerse la lógica de la guerra, sino la lógica de la paz y así evitar la vietnamización del conflicto que es, en definitiva, el conflicto de Estados Unidos con la libertad, la democracia y la justicia social. El triunfo de la razón por sobre la sinrazón será el mejor tributo al comandante Raúl Reyes y a los guerrilleros caídos en medio de la montaraz noche ecuatoriana.
Tito Tricot Periódico latinoamericanista Giraluna
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