2008-05-15 2773 lecturas
Comunicaciones G-80
Mensajes y reflexiones ante el fallecimiento de un G80
CONTINÚAN REACCIONES A MUERTE DE JUAN CARLOS
Llegan cada vez más recuerdos y reflexiones ante la temprana muerte de un luchador contra la dictadura. Reproducimos algunas de ellas. Tenemos mensajes de Ramiro, Álvaro Vivanco, Juan Luis Marré, Francisco Márquez (Yeti) y José Gaete (nuevo). También reproducimos fotos enviadas por sus amigos. Hay nuevas Fotos.
Reproducimos carta de Veronica Dávila, Hermana de Juan Carlos (nuevo)
Carta de Verónica su hermana
Hablar de un hermano que ha partido no es fácil, sobre todo de una persona tan compleja como fue Juan Carlos. Leyendo los testimonios de los amigos y los no tanto, me doy cuenta que lo conocían más que la propia familia. Cuando partió al extranjero sus vivencias sólo él las conoció y sus más cercanos. Partió a hacer la revolución a otros lados, con su forma tan particular de ver la vida. Desde niño fue un rebelde por naturaleza, siempre convencido que los demás estaban equivocados. A su vuelta a Chile trató de adaptarse a los nuevos tiempos, pero no pudo. Se fue matando de a poco, perdió el sentido de la vida y lo más importante, por qué vivir. A todos los que lo conocieron o que estuvieron relacionados de alguna forma con él, a todas sus compañeras, unas pasajeras y otras más profundas; gracias por haberlo querido tal cual como fue. A su hijo Hernán, tal vez le sirva en algo poder entender a su padre. (Al guri como le decía de niño). Los últimos días que estuvo hospitalizado, lo fueron a ver y a despedirse sus más cercanos, olvidando las diferencias y rencores pasados. En esos días estuvo más acompañado que en muchos años. Verónica Dávila
| Testimonio de José Gaete
Ayer recién logré meterme a la página web, y me enteré de muchos detalles que rodearon el fatal desenlace de la vida de Juan Carlos.
Sin comentarios las paupérrimas condiciones sociales, en que se encontraba, su deplorable estado físico y la maldita enfermedad que lo mandó a la tumba.
Me cuesta creer que hace tan poco, recién en 1984 entraba a la carrera de S. Social y me llamó mucho la atención Juan Carlos, había sido el mejor puntaje de ingreso a la carrera, algo así como 740 puntos ponderados. No sé porque pero la gente buena onda se huele, en ese mes marzista conversamos en varias ocasiones, hablábamos de todo, de las minas de la carrera, de política, de fútbol de vinos etc. . Pero me quedó grabado un gran gesto del "soto" me regaló unos vales de almuerzo , no se de donde los habrá sacado , pero me dijo " toma huevón yo me consigo otros", sabía que venía del huaserío sureño y no tenía ni uno. Después con el Luchín V. me invitó a una reunión de la UNED, y desde ahí empecé a compartir con los malulos.
Cuesta desprenderse de su sonrisa fácil, de las ganas de vivir que tenía por aquella época de dictadores Juan Carlos, cuesta creer que en el período más negro de nuestra patria , habían más ganas de vivir , de soñar y luchar que ahora . Cuesta creer que una mente tan brillante como Juan Carlos nunca terminara nada, y cuesta creer que un tipo con una empatía tan especial, una persona tan atractiva para las mujeres, tan clarito en el devenir histórico, acumulara con el paso de los años tanta soledad.
Cuesta creer Igor , que al ver las fotos de esa época , al leer tu maravilloso discurso de despedida, aparezca como una cinta de cine todo un proceso hermoso, romántico idealista , mágico, que no se pudo terminar con éxito, debido a lo rasca de nuestra cultura pseudo revolucionaria.- Cuesta creer que fue sólo ayer que hablábamos de revolución y hoy la mayoría de nuestros compañeros “concertan” citas en el mall.-
Lo anecdótico y no me parece para nada extraño que Juan Carlos , conociéndolo como era, muriera de esa forma. Creo que no transó con su soledad y murió con las botas puestas.
Lamentablemente la vida cobra, y mueren, personas valiosas, compañeros brillantes, un tipo extraordinario y alegre como Juan Carlos, que hasta en los peores momentos se cagaba de la risa.-
Me da rabia y dolor el sentir desde la distancia la muerte de un compañero de verdad, de un revolucionario, de un combatiente, me da mucha pena no haberlo acompañado en su homenaje como luchador y me da mucha bronca haberme desconectado del mundo durante tres años llorando mis penas de amor con egoísmo.
Un abrazo Igor y me alegro que después de treinta años tu familia permanezca unida. Creo que al final es lo único que cuenta en esta época de oscurantismo.
Desde el sur del mundo.-
José Gaete Mique Asistente Social UCV pgaete66@yahoo.com ________________________________
 Juan Carlos junto a Rafael Maroto en la UCV, junio 1984 (Foto de Miguel Plaza)
| Relato de un compañero y amigo de Juan Carlos Dávila León Juan Carlos Dávila León (JC), se inició en las luchas populares a los 14 años, cuando militó en las Juventudes Socialistas de Valparaíso -siguiendo los pasos de su madre- histórica militante del PS que falleciera en esas mismas fechas. El año 78-79 fue un año duro en el que era todo reconstruir y conectar los militantes dispersos ...reclutar y trabajar unitariamente para generar nuevas bases en medio de una represión criminal...los primeros pasos fueron conformar un comité de resistencia que fuimos creando poco a poco y en el que llegaron a estar unos once compas -entre ellos el recordado Suki- y que fue la base de la primera organización de enseñanza media democrática -FEDEM- que surgió públicamente el año 80. en esa época JC se destaco en las acciones de propaganda que realizamos en los principales liceos y calles de Valparaíso.....panfleteos, rayados, expropiaciones de mimeógrafos, etc fue interesante esta experiencia unitaria, nos reíamos mucho recordando años mas tarde que la firma de los rayados o panfletos eran mas largas que las consignas pues se firmaba con todas las siglas de las organizaciones a las que pertenecíamos cada uno y estas eran casi todas...JJCC – JS – MAPU – MIR - IC etc. posteriormente JC ingresa al MIR donde realiza sus aportes mas importantes en la lucha antidictatorial y revolucionaria...primero en la generación de bases en las Universidades del puerto y el impulso de la UNED y CODEPU.
 Juan Carlos, en el círculo, junto a Rafael Maroto en las escalinatas de la UCV, junio 1984 (Foto de Miguel Plaza)
La represión le seguía los pasos y cae preso, su compromiso lo realiza entonces desde la cárcel, donde participo activamente en las luchas del frente carcelario con tomas y huelgas de hambre, en este lugar tuvo uno de los grandes dolores de esta vida, que fue encontrar a un compañero comunista -el Chagui- (1) apuñalado en los baños de la cárcel y falleciendo este en sus brazos. Después de varios años en la cárcel sale hacia Uruguay,(2) donde se integra en los equipos de solidaridad con la lucha en Chile y comienza una larga y fraternal relación con los Tupas Uruguayos y compas de Argentina, destacando en labores de difusión de la lucha, y en la creación de redes clandestinas de apoyo directo al frente interno. Luego de una estadía en cuba, realiza tareas en Perú y otros países latinoamericanos donde realiza labores en la primera línea con acciones militares que en mas de una ocasión casi le cuestan la vida....No le fueron indiferentes las luchas en otros lugares del mundo, como la que libra el pueblo Vasco.. Al volver a Chile encuentra a un país diferente al que soñó, le corresponde una difícil reinserción ...............seria largo señalar toda su trayectoria, pero creo que con estos recuerdos de lo que compartimos podrán quizá entender que su aporte fue destacado ,valiente y positivo. Nosotros sus camaradas y amigos no lo olvidaremos. Ramiro ________________________________ Juan Carlos en Buenos Aires 1991 | Ayer falleció, en Valparaíso, Juan Carlos Dávila, con poco más de 40 años. Lo conocí por 1979. Éramos parte de los pocos miembros de la juventud socialista porteña de aquellos años y luego fuimos compañeros en el MIR. Él vivía en una casona antigua, con su frontis pintado de un color rosa, ubicada en el más tradicional de los cerros de Valparaíso, Cerro Alegre. Éramos un grupo de jóvenes de origen popular, formado por liceanos y universitarios que hacíamos lo que podíamos para enfrentar a la dictadura que por aquellos años se encontraba rebosante de buena salud. La casa de Juan Carlos era local de reuniones, servía de imprenta artesanal o para recibir a dirigentes y también para armar fiestas propias de nuestra edad. Nos íbamos entrada la noche y a veces simplemente no nos marchábamos. Allí se organizaron muchas acciones pacíficas contra la dictadura, de las cuales poco hoy se recuerda. Juan Carlos fue un héroe de nuestra época y a nuestra manera, yo se que quizás entender esto para quienes vivieron, y sufrieron, las condiciones personales de su última etapa de vida sea difícil. A su corta edad vivió la tortura y la prisión política en dos oportunidades y nunca abandono la primera línea en la lucha por la democracia, en un tiempo en el cual muchos de los que hoy ocupan cargos y forman la elite politica de este país, simplemente no existían, por lo menos para efecto de la historia política. Esta entrega y decisiónn de su juventud le hace dueño de una cuota de dignidad, que no muchos pueden mostrar por estos tiempos en un país con una forma de hacer política tan y oportunista como la actual. Yo se que para la mayoría de los miembros de esta red los compañeros que se integraron a la lucha política en plena dictadura, después del Golpe, son poco reconocibles. Sin embargo, no está de más un pequeño homenaje. La vida de Juan Carlos no terminó bien, eso lo sabemos todos, pero una mínima lealtad con nuestras historias nos pide recordarlo. Álvaro Vivanco ________________________________  Juan Carlos al salir de la Cárcel de Valparaíso, 10 de julio de 1986.
| Estimad@s Compañer@s: En esta oportunidad escribo para secundar a Alvaro Vivanco, a quién conocí por allá por el año 1982 en Valparaíso junto a Juan Carlos Dávila y otros dirigentes y militantes de la UNED y el MIR con quienes, de cuando en vez nos reuníamos en citas de carácter nacional con el fin de analizar la situación politica nacional y universitaria y tomar acuerdos para nuestros derroteros de lucha. Secundo a Alvaro Vivanco en el sentido, de que cualquiera de esos luchadores sociales, que estuvieron en la primera línea de lucha contra la dictadura, más allá de las opciones o no opciones de vida que haya tomado, se merecen no sólo un pequeño homenaje, sino un reconocimiento a su aporte para el fin de la Dictadura, en un tiempo en que la política se hacía poniendo el cuerpo en la idea y en que la teoría se ahogaba en la acción diaria y cotidiana, de lucha en todas sus formas, pequeñas o grandes que significaban mucha constancia y compromiso, bastante escaso por estos días en la vocación política. Lamento y me impacta profundamente la partida de Juan Carlos Dávila, en sus condiciones actuales, siento muchisimo que su realidad humana le haya llevado a las circunstancias, en que le muerte le arrebate su vida. Incluída las circunstancias que rodean su muerte, a Juan Carlos Dávila y a otr@s que se han ido y que forman parte de los heroes de la G80 les brindo nuestro homenaje y reconocimiento por su testimonio de vida en un tiempo duro y lejano de mucha lucha y amor. Juan Luis Marré ________________________________ Un aporte a la memoria de Juan Carlos. Me cuentan que Juan Carlos ha muerto. Y así reaparece de pronto en mis pensamientos una persona, la cual ya no contaba en mi agenda cotidiana desde hace muchos años.
 Juan Carlos y sus compañeros de "Cana" en su celda, 1986
Nunca fuimos amigos, es verdad; es más, confrontamos la mayor parte de las veces, pero nos unieron historias y tiempos, tanto en Valparaíso y luego en Montevideo, que hacen que sea un personaje en la agenda personal, y uno que además no pasaba inadvertido. Contarles algunas facetas de la historia de Juan Carlos, que a lo mejor ustedes ignoran, es el propósito de estas líneas, a modo de aporte al rescate de su memoria para quienes le apreciaron y quisieron entrañablemente. Juan Carlos venía fogueado en la lucha antidictatorial desde la enseñanza media, así entonces, a pesar de ser más joven que algunos de nosotros, era ya un viejo guerrero a inicios de los ochenta. Recuerdo cuando íbamos las primeras veces a la Católica y Juan Carlos y el ya entonces Guatón Nelson nos intentaban promover unos curiosos cursos "para enfrentarse a los pacos", cursos que por supuesto nunca pescamos. Y nosotros, que andábamos con el acento puesto en ganarse los centros de alumnos, y ganar desde allí legitimidad gremial y también política; éramos mirados con sospecha ya entonces por los UNED de la Cato; que francamente pensaban que éramos un poco amarillentos, pero eso ya que importa, a estas alturas es sólo anécdota. No tengo dudas que esa era también la opinión de Juan Carlos, siempre más amigo del camino directo que nosotros. Recuerdo también cuando cae preso, y nuestras abogadas amigas nos advierten que en el informe de la CNI respecto a Juan Carlos, aparecía mencionado entre otras cosas, que se reunía con cierta frecuencia con un tal Yeti y un tal "Patricio Lucas"; lo que nos obligó a ciertas medidas precautorias y nos enseñó la ventaja de contar con apodos en aquellos tiempos. A Juan Carlos lo sorprendió en la cárcel el terremoto del 85, y en alguna visita nos relató como todos los presos pateaban las rejas para intentar salir de esos pesados muros de la vieja cárcel; mientras los gendarmes corrían a buscar su propia salvada. En aquel mismo tiempo, mientras Juan Carlos estaba como prisionero político, su hermano Oscar sufría una larga relegación en la precordillera del desierto, que luego desembocó en el pueblo de Baquedano; allí donde llegué a verlo en junio del 85, con un poco de mercadería y otros pocos pesos que la solidaridad porteña le enviaba. Luego, de allí me fui a Sierra Gorda a ver a otro compañero, para finalizar en el oasis de Quillagua, donde estaba el doctor Lizama acompañado de Marina, nuestra cantante oficial y futura madre de sus hijos. Tenía en ese invierno todo el tiempo del mundo, pues ya había vuelto de mi propia relegación y ya habíamos sido expulsados de la Santa María. Un par de meses después, septiembre de 1985, estaba saliendo hacia Argentina, como parte de un grupo que iba a Buenos Aires a terminar sus carreras. Allí hay muchas historias sabrosas, pero no viene a cuento en esta reseña. Lo que sí importa señalar es que a fines del primer semestre de 1986 estábamos algunos de los bonaerenses- instalados en Montevideo. Un par de meses después se aparece Hardy Knittel por allá para contarnos que Juan Carlos estaba ya fuera y era necesario sacarlo de Valparaíso, pues temían razonablemente por su seguridad. Así entonces, y con nuestra venia se aparece Juan Carlos por Montevideo, la foto que les acompaño es de esos primeros días, en la Plaza de la Libertad, ahí está Juan Carlos con el Leoncio, el Horenstein, el San Martin y yo. Juan Carlos no tenía problemas para lograr sus conquistas, en Montevideo tampoco las tuvo, recuerdo bien en aquellos primeros tiempos que andábamos todos tratando en hueveo y en serio- que las uruguayas "se bajaran la bombachita"; recuerdo con mucho cariño a una querida compañera comunista uruguaya, que lo encontró lo suficientemente atractivo como para "servírselo" según ella- sin andar pidiendo mayores compromisos, toda una vanguardista esa compañera, mirado a la luz de los tiempos; decisión a la que Juan Carlos se sumó sin titubeos. No fueron fáciles aquellas convivencias, lo admito. Juan Carlos tenía su agenda propia, y nunca pescó mucho a nadie. Amigo de la noche ya desde entonces, se armó de un clan de amigos de la casona con quien salir a recorrer los tugurios montevideanos; la casona donde vivíamos más de cuarenta chilenos sospechosos de todo (ahí hay una historia para escribir algún día) y que se sostuvo por casi tres años. Participamos de diversos actos de solidaridad con Chile, uno de los cuales es la segunda foto que les acompaño, por ahí salimos ambos en medio de la gente. Más tarde llegó su hermano Pichón a acompañarlo, y creo que afectivamente le sirvió su compañía, dada su situación familiar tan disgregada. Pronto nos encontró la división de la izquierda mirista, en que por supuesto quedamos en distintas veredas. Recuerdo que me tocó coordinar con él algunas cuestiones prácticas para que todo fuera civilizado. De allí ya lo vería en forma esporádica, ya no estaba tanto en Montevideo, y su compromiso militante creo que se profundizó aún más en esos años. Cuando vuelvo a Viña en 1991, lo encuentro de nuevo y nos encargamos con Magdalena de acoger, en la medida de nuestras posibilidades, a Alejandra, su pareja uruguaya y mamá de su hijo, quien visita nuestra casa con cierta frecuencia, pero nunca con Juan Carlos. Esa carga venía mal estibada, y a poco andar Alejandra se retorna a sus tierras uruguayas con su hijo, sin haber podido adaptarse a Valparaíso. Poco más lo veo, nos cruzamos en el aeropuerto un par de veces, cuando concurría a dejar a su hijo que había venido de vacaciones, hacia fines de los noventa. Supe de su pasada por la intendencia porteña, siempre apoyado por su noble amigo Knittel. Supe por amigos comunes de su lento y desgraciado proceso posterior que lo llevó a este pronto fin. Lo lamento, sin ser amigos como ya dije, igual lamento el final de su historia. No éramos de la mismas filas, nunca lo fuimos; sus concepciones de la vida y de cómo enfrentar los acontecimientos nunca nos encontraron en la misma vereda; y no sería honesto de mi parte decir que se ha ido un compañero de las mismas vertientes; pero aún así saludo a sus hermanos con afecto, y les entrego mis excusas por no haberles podido acompañar en la despedida de sus restos. Un abrazo a todos Francisco Márquez (Yeti) Noticias relacionadas * DESPEDIDA A JUAN CARLOS DÁVILA LEÓN 'EL SOTO' * Crónica privada para Juan Carlos Dávila por Paulina Soto Labbé * Juan Carlos Dávila: anclado en nuestra historia y vidas por Águeda Sáez * FALLECE OTRO G-80 * Así estamos consternados... rabiosos, por Patricia Alvarado
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