2008-06-03 781 lecturas
Nicolás Grau
especial para G80
Allende - Presencia en la ausencia
Palabras del ex Presidente de la FECHy dirigente de Nueva Izquierda en la Presentación del Libro
No puedo partir sino agradeciendo la invitación a presentar este libro. Al igual como lo dejan entrever en cada uno de los textos sus autores, siento una tremenda admiración por el Presidente Salvador Allende; con agrado he leído y reflexionado sobre los artículos presentes en el volumen. Así, a partir de anécdotas, y del análisis del programa político de la UP y de la historia de Allende; he reafirmado mi convicción acerca de la relevancia que tiene su figura para la historia de la lucha social en Chile y el mundo, para la historia de las ideas nobles, pero también para el futuro.
He decidido estructurar mi intervención simplemente como un conjunto de comentarios que me surgieron a partir de la lectura del libro, aun pudiendo ser dispersos tiendo a creer que cada uno de ellos forman parte de un todo, de una incompleta respuesta a la pregunta del ¿cómo revertir el injusto orden social en el que vivimos?
Difícil interrogante, sobre todo en el marco de la política chilena, en que la coalición gobernante, la de mayor capacidad electoral de nuestra historia, puesta en el dilema ético -desconocido e impensado en el mundo de los 70- de poder reducir la pobreza aun sin preocuparse por igualdad, optó en los hechos –más allá de los lemas de campaña- por disminuir la pobreza pero también por tolerar la desigualdad.
Allende no enfrentó este dilema ético, en su época la reducción de la pobreza parecía ir inexorablemente de la mano con la mayor igualdad, no tiene sentido preguntarse entonces por qué hubiera hecho si estuviera vivo. Como en este caso y en otros, extrapolar al presente sus respuestas -a veces por nuestra incapacidad de leer nuestro tiempo, y el imán de su intachable compromiso con los valores de la izquierda- no soluciona nuestros problemas, es nuestra la responsabilidad construir, como lo hicieron Allende y la Unidad Popular en su momento, el proyecto progresista y de izquierda para la primera mitad del siglo XXI.
Sin embargo, qué duda cabe de las pistas que entrega la vida y pensamiento de Allende para la elaboración de ese proyecto.
Roberto Bolaño, en oposición a la pobreza y relativismo moral de nuestros días, en una entrevista al diario la Vanguardia, consultado acerca de ¿Cuál era la frontera entre el bien y el mal?, señaló: "El mal es básicamente el egoísmo narrado de diferentes formas. La frontera la delimita la mirada que tengas sobre el otro, el saber que el otro existe". La bondad del ser humano, y la vida de Allende es un ejemplo de aquello, se mide entonces por su empatía con la humanidad, el saber que el otro existe.
El quehacer del presidente Allende nos demuestra una y otra vez que hay una ética socialista, que en cada uno de nuestro actos se juega en parte la viabilidad de un futuro distinto, que no es creíble que podamos construir una sociedad de igualdad y libertad real si ocupamos como medio para arribar a tal sociedad la denigración de otros seres humanos que, en el fondo, la humanidad no solo debe medir su nivel de desarrollo en sus instituciones sino que además en el comportamiento y en las motivaciones de sus individuos.
Por otra parte, resalta de la trayectoria de Allende, su constancia, su vocación como educador del discurso del cambio social. Proyecto político que le tomó años, proyecto que de ninguna manera seria viable en el mundo de las encuestas, donde los mismos partido que se jactan de la seriedad y del no populismo, carecen de un proyecto de largo plazo y atrapados en el presente y en la inmediatez y obviedad de lo posible, parecen incapaces de cambiar escenarios, de presentar un sueño que a la larga, como fue la experiencia de la Unidad popular, haga posible nuevas realidades.
Si, como ejemplo, solo nos propusiéramos una meta, tan justa y de sentido común como que la calidad de educación que recibe cada niño no dependa de la cuna donde le tocó nacer, si simplemente nuestra ética no tolerara esa diferencia, e hiciéramos de nuestro quehacer político un largo camino por su superación.
Allende, como largamente se documenta en el libro, fue ante todo un demócrata. De su extensa trayectoria parlamentaria y su formación heterodoxa forjó una férrea valoración de la deliberación democrática. Mientras abundaba en el discurso de ciertos sectores de la izquierda un desprecio a tal forma de gobierno, Allende siempre mantuvo un apego básico al sentido común, a la historia de lucha democrática del movimiento obrero, ante todo a la idea de que para hacer transformaciones radicales en favor de la mayoría, el sistema democrático resulta ser un efectivo espacio de disputa. Además de tener un valor en sí mismo, en la medida de ser una institución que, a diferencia del mercado, da igual peso a los individuos sin importar sus recursos económicos.
Paradójico y triste, pero con un denominador común, resulta ser que muchos de los "teóricos" que en aquellos momentos criticaban la vía democrática y pacífica propuesta por allende, sean ahora los que promueven, junto con otro socios, una sociedad en la que la extralimitación de la acción del mercado reduzca al mínimo los espacios de deliberación democrática. A los poseedores de la verdad absoluta y ahistórica Allende se les opuso con sentido común y con confianza en la decisión del pueblo, no parece ser esa una apuesta tan extemporánea para combatir a los dueños de la verdad de nuestro días.
Con todo, no creo que exista un elemento más importante en el pensamiento de Allende que su apuesta por conciliar la democracia y el socialismo. Su apego a este binomio al extremo de perder la vida, no sólo lo constituye en un referente mundial, además permite que las nuevas generaciones de izquierda en Chile no carguemos con dictaduras de ningún tipo y que por lo mismo no aceptemos empates morales en la lectura de las últimas décadas.
En la actualidad muchas son las interrogantes respecto a estos conceptos, sigue pendiente la reformulación del ideario socialista, abierta está la pregunta de cómo podemos organizar nuestra sociedad de modo de socializar los distintos aspectos relevantes de la vida, pero al menos de mi parte tengo la convicción de que cualquier forma que tome ese nuevo socialismo tendrá como uno de sus pilares a la democracia.
Como la unidad popular enfrentó, y esa es tal vez su mayor derrota política, tendremos también que pensar en cómo echar a correr en la historia el círculo virtuoso de más igualdad para ser más democráticos y más democracia para ser tratados de modo igualitario. Hoy vemos como distintos procesos democráticos de la Región son limitados por el poder de veto que tienen los poderosos sectores económicos (lula en su momento, hoy Morales). Parece que en cada elección de nuestro continente los candidatos no sólo deben convencer a las mayorías, también deben dejar tranquilos a los mercados (misma frase utilizó nuestro ministro de hacienda para celebrar la última elección de presidente del BC), novedoso eufemismo que pretende esconder que en el mercado los deseos de las personas son ponderados y considerados en la medida de su poder económico. Preocuparse por la alegría de los mercados es sobre considerar el bienestar de los poderosos.
Solo acumularemos frustración si cada vez que emprendemos una profunda transformación a través del voto popular, un puñado de familias puede poner en jaque nuestra apuesta al retirar su capital del País. La igualdad económica y la consecuente distribución del poder pueden ser impulsadas democráticamente, amparados en la conciencia, radicalidad y ansias de libertad de las mayorías, puede hacerse de modo gradual, no se trata de ser atolondrados e ilusos, pero no podemos olvidar que no enfrentar este problema nos condena a la baja intensidad de la democracia de nuestros días.
Por último, quisiera celebrar el nombre del libro, celebrar la agudeza de Volodia a la hora de titular su artículo de este modo. Cada uno de los actos de Allende, su intachable legado político y moral, dan cuenta de una conciencia plena de la trascendencia material de la humanidad. Allende vive en cada uno de los niños que hoy no se mueren al nacer por el desarrollo de nuestro sistema de salud por decenas de años, vive en la mayor dignidad del campo chileno, en su diversificación productiva, en la ampliación de oportunidades que el Estado Chileno realiza a partir de los recursos del cobre, vive ante todo en cada uno de nuestros despetares políticos.
Sin duda personas como Allende tienen una presencia en la ausencia mucho más extensas que lo estrecho de sus vidas, la empatía con el otro, el deber y la alegría de hacer lo indicado para la libertad de las generaciones futuras. Pasarán los años y algo de Allende irá en cada uno de los niños y niñas que nazcan en el mundo, cada vez más diversos, de distintos colores y culturas, pero cada vez más iguales, cada vez más iguales.
Muchas gracias.
Nicolás Grau Movimiento Nueva Izquierda
Comenta con ayuda de Facebook(*) (Habilitado el 11 de diciembre del 2009):
¡OJO! Se puede comentar escribiendo un mail (no se muestra es solo para validación) o con cuenta de Facebook.
(*)Algunas versiones de Internet Explorer bloquean esta herramienta social, sugerimos navegar con Firefox, Safari, Opera, Chrome u otro navegador web para hacer y leer los comentarios |
|