2008-06-28 650 lecturas
Danilo Aravena
Colaboración de Luis Casado
Allende Presente... Ahora y Siempre
He sido invitado a participar en este acto en que se conmemora el Centenario del Natalicio de quien fuera Presidente de Chile, Dr. Salvador Allende Gossens, en consideración a mi larga militancia en el Partido Socialista chileno y a que tuve el honor de conocer y trabajar cerca del Presidente, en los años de mi juventud, ocupando algunos niveles de responsabilidad tanto política como gubernamental. Por tanto agradezco a nuestros amigos del Partido Socialista Francés, a las organizaciones francesas y chilenas aquí presentes y a mis camaradas del PSCH el honor que me han otorgado de estar en esta Gran Casa de la Democracia Francesa recordando a este personaje de inconmensurable talla moral y dimensión histórica.
Mucho se ha dicho y se dirá acerca de la vida de Salvador Allende, mucho se ha escrito y se continuará escribiendo, así como se seguirán realizando análisis críticos favorables o desfavorables acerca de los 1042 días de su indudablemente histórica gestión como Jefe del Estado y del Gobierno chilenos.
Por tanto intentaré no aburrirles con datos, cifras y hechos que seguramente ustedes conocen, pero aún así tengo que hacer referencia a algunos acontecimientos y decisiones que fueron marcando desde muy joven el quehacer político y social de nuestro camarada y que muestran su firme y limpia trayectoria como dirigente, como parlamentario, como hombre de Estado, en suma como ciudadano fiel a sus principios por los cuales incluso ofrendó su vida.
El interés de Allende por las reivindicaciones sociales se manifestó ya en 1927, con sólo 19 años de edad, cuando fue elegido presidente del Sindicato de estudiantes de medicina y luego cuando a los 22 años alcanzó la vicepresidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, el primer centro superior de estudios del país, alma mater no sólo educativa sino que también fiel compañera de las luchas de los trabajadores.
Si con 15 o 16 años un zapatero remendón, de ideología anarquista, le proporcionó los primeros libros políticos y le habló sobre ideales de libertad y justicia, en su etapa universitaria se aproximó a los textos clásicos del marxismo, incluidos los escritos de Trosky en un temprano distanciamiento del estalinismo.
Uno de los acontecimientos que marcarían indeleblemente la vida de Allende, así como la de millares de chilenos, fue su participación en la fundación del Partido Socialista en abril de 1933. Pronto sería uno de sus principales dirigentes ocupando la Secretaría General del Partido en los años 1943 y 1944.
Tan sólo con 29 años fue elegido diputado y luego de participar activamente en la campaña en que la izquierda chilena de entonces, unida en el Frente Popular, obtuvo la presidencia del país con D. Pedro Aguirre Cerda, fue nombrado por éste Ministro de Salubridad. Como tal recibiría a los miles de republicanos españoles que luego de perder la guerra civil buscaron refugio en Chile así como en otras naciones iberoamericanas.
En 1945 fue elegido Senador y como tal en 1948 criticó y se opuso con firmeza a la persecución y acoso al que fue sometido el Partido Comunista chileno, ilegalizado por el gobierno del momento, siguiendo los dictados emanados desde Washington, en plena Guerra Fría. Muchos dirigentes y militantes comunistas fueron encarcelados e incluso asesinados.
Sin dudar un solo instante en brindar al Partido Comunista toda la solidaridad posible también Allende por entonces estableció, con claridad y rotundidad, que los principios socialistas están impregnados por un profundo humanismo y unidos inseparablemente con los derechos humanos y las plenas libertades ciudadanas.
Permítasenos citar lo dicho por el Senador Allende sobre esto último allá por 1948: “Los socialistas chilenos, que reconocemos ampliamente muchas de las realizaciones alcanzadas en la Rusia Soviética, rechazamos su tipo de organización política, que la ha llevado a la existencia de un solo partido, el Partido Comunista. No aceptamos tampoco una multitud de leyes que en ése país entraban y coartan la libertad individual y proscriben derechos que nosotros estimamos inalienables a la personalidad humana”.
Este pronunciamiento crítico con la URSS, que en otras circunstancias y lugares habría provocado una fuerte ruptura de la izquierda, en el caso de Chile y debido en buena parte a esa firmeza de principios, hizo que en 1951, cuando un sector de los socialistas chilenos, respaldaron la candidatura a presidente de un general que había tenido claras inclinaciones golpistas, Allende, con el apoyo de otros sectores del socialismo y también con el apoyo del Partido Comunista, aún en la clandestinidad, se presenta a dichas elecciones presidenciales obteniendo cerca de 52.000 sufragios. Y si bien los resultados entonces fueron modestos lo que hay que destacar es que, fiel a lo que ya en 1944 había expresado como Secretario General de su partido, se convierte en el adalid de la unidad de la izquierda.
En 1944 Allende había dicho: “Los socialistas llamamos a la izquierda a unirse en torno a un programa: un programa que agitaremos desde la calle y desde el Parlamento; un programa de interés nacional, que reúna al máximo de voluntades en torno a él”.
En 1956 el sentido unitario de Allende, en cuanto a la necesidad de una izquierda unida, se materializa con la creación del Frente de Acción Popular (FRAP), el que le postula en 1958 a la Presidencia de la República por segunda vez. En esa ocasión sólo 33.000 votos impidieron su elección.
Quisiera hacer notar que antes del triunfo de la Revolución Cubana la izquierda chilena se había convertido en una alternativa de poder (en pleno contexto del mundo bipolar de entonces) y ello provocó que las sucesivas administraciones estadounidenses ordenasen una y otra vez la intervención de sus agencias en la política chilena.
En 1964, Allende por tercera vez presenta su candidatura a la presidencia y en el marco de la “Alianza para el Progreso” que el presidente Kennedy había anunciado para América Latina como elemento dinamizador de su economía y de su desarrollo, es elegido Eduardo Frei de inspiración socialcristiana.
Sin embargo las promesas de ayuda del gobierno norteamericano no se concretan y la administración Frei no fué capaz de resolver los graves problemas y carencias de los chilenos y en 1970, como es sabido, Allende en su cuarto intento, alcanza la victoria y llega al Palacio de la Moneda abriendo al movimiento popular chileno las puertas de la Historia.
Por primera vez un marxista llegaba a la Presidencia del Estado y del Gobierno de un país por medio de unas elecciones democráticas y lo hacía al frente de una coalición que reunía a “marxistas, laicos y cristianos” según lo decía el propio presidente.
Señoras y señores, compañeros franceses y chilenos: el mundo siguió con gran interés las iniciativas, los logros y los problemas que afrontaron el Presidente Allende y la izquierda chilena, agrupada en la Unidad Popular en esos 1042 días en que parecía, que en ese lejano rincón del planeta, nuestro pueblo iniciaba la construcción de su historia de manera libre y soberana, con serenidad no exenta de energía, con ánimo dialogante, buscando acuerdos y consensos pero sin que ello fuese sinónimo de claudicaciones o renuncias con los compromisos contraídos con los trabajadores y sus organizaciones y con toda la ciudadanía.
La inmediata implementación del Área Social de la Economía, es decir la nacionalización de los sectores claves para el desarrollo chileno (siderurgia, cemento, minería, industrias textiles, banca) indicaron desde su inicio que el Gobierno Popular cumpliría lo prometido.
Lógicamente las multinacionales de entonces (y de ahora) así como la oligarquía terrateniente, y los grandes empresarios de la industria, la banca y el comercio, reaccionaron oponiéndose tenazmente en el parlamento e iniciando acciones de sabotaje a la producción industrial, acaparando alimentos y bloqueando los sistemas de transportes.
El gobierno no se amilanó, veía que cada día miles y miles de hombres y mujeres se sumaban apoyándole y participando en el entonces rico tejido social chileno que se fortalecía y crecía como consecuencia de que obreros, empleados, campesinos, técnicos, amas de casa y estudiantes comprobaban que se les abrían reales perspectivas de justicia, democracia y libertad.
El gobierno de Allende erradica el latifundio liberando a miles de campesinos de una explotación semi feudal que desde hacía siglos venían padeciendo y los incorpora a la condición de ciudadanos con plenos derechos. Pero el hecho mas significativo sin duda fue la Nacionalización del Cobre el 11 de julio de 1971, pues dicho mineral era y aún es el factor más determinante en la economía chilena. “El cobre, es el salario de Chile” en palabras del presidente.
Este hecho, este trascendental hecho, que fue aprobado de forma unánime por el Congreso Chileno, desencadenó el bloqueo económico de Estados Unidos, bloqueo que se unió a las maniobras intervencionistas primero y luego abiertamente desestabilizadoras que la Casa Blanca y sus agencias llevaron a cabo hasta lograr que los militares se alzaran terminando con el sistema democrático imperante en el país y liquidando a sangre y fuego a las organizaciones políticas y sociales que apoyaban al “Compañero Presidente” como la mayoría le llamábamos.
Muchas fueron las ingerencias ajenas a los chilenos, muchas fueron las presiones a las que se vio sometido Salvador Allende pero, como ya hemos dicho, éste siempre se mantuvo fiel a lo que en Diciembre de 1969 planteó la Unidad Popular al constituirse: “En nuestro futuro gobierno nada con los privilegiados. Hablando franca y honestamente no somos una garantía para la minoría privilegiada. No somos una garantía para los intereses del capital imperialista que explota, intriga y corrompe y detiene el desarrollo de nuestro país. No somos garantía para el latifundio ni para la oligarquía bancaria, ni para los potentados del capitalismo que ejercen en Chile el verdadero poder, no elegidos ciertamente por el pueblo. Seremos una garantía para la mayoría. Con la misma franqueza decimos que el Gobierno de la Unidad Popular si será garantía para la mayoría abrumadora de la población, para el 90 por ciento o mas de ella”.
Y el Presidente Allende cumplió lealmente con lo dicho: Todos los derechos ciudadanos, las prestaciones sociales, el mejoramiento y ampliación de los servicios médicos y educacionales, de la seguridad social, del disfrute del arte y la cultura, de posibilitar la práctica del deporte de masas así como el acceso a viviendas dignas se impulsaron e implementaron desde el primer día de su gobierno.
Como joven en ése entonces recuerdo la especial atención que el Presidente dio a la participación de la juventud chilena en todas las acciones sociales impulsadas por su gobierno y a que jóvenes de la izquierda asumiésemos responsabilidades en diferentes instancias de la Administración del Estado.
No puedo dejar de hacer referencia al hecho de que las Fuerzas Armadas no estuvieron fuera de las preocupaciones del Presidente, no sólo como mas que posible elemento desestabilizador de la democracia, sino como elemento importante en la necesaria unidad e identidad nacional.
El asesinado general Carlos Prat dijo: ”Cuando se escriban serenamente las páginas de la Historia de Chile de los últimos 40 años, el gobierno que en dicho lapso tuvo una concepción mas nítida de la seguridad nacional y demostró con hechos el mayor interés por los problemas de la defensa del país, fue, justamente el Gobierno de Allende. Lo evidente es que el único Presidente de Chile que abrió un camino de coherencia a los intereses de la seguridad nacional fue Allende que compartió e hizo suya la concepción de 'soberanía geoeconómica' ”.
Señoras y señores, compañeros antes de finalizar me permitiré traer aquí un breve párrafo de una misiva que nuestro Premio Nóbel de Literatura, Pablo Neruda, Embajador de Chile en Francia entre 1971 y 1973, dirigió a Allende con toda la sencilla belleza de la que son capaces de resumir los poetas:
“Salvador: Te acompañé en tu gira por todos los rincones del Norte Chico. Juntos comimos el mejor pan, amasado para ti por las campesinas de Pahiguano. Después estuvimos en Monte Grande. Allí los Valles del Elqui se reúnen. Arriba es piedra erizada, paredes de roca y espinas. Abajo, cantan las aguas y comienzan a moverse los brotes, pero, más imponente que la naturaleza, más prometedora que los valles verdes, silenciosa y ardiente, es nuestra gente, nuestros chilenos y chilenas, nuestros abandonados campesinos y mineros del Norte Chico. Nunca podrás olvidar, Salvador, ni yo podré olvidar a los que bajaban de los montes con una banderita a saludarte, a las miles de mujeres que llenaban la plaza de Vicuña aquélla noche, rodeados por sus niños descalzos. Habían venido de todos los rincones y allí estaban, seguras y firmes protagonistas del desamparo y de la esperanza del pueblo”.
Hoy, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, así como en septiembre cuando recordemos los luctuosos hechos que hace 35 años impidieron que terminase el mandato que las leyes y los ciudadanos le habían entregado, seguramente como ha sido y será durante mucho tiempo en el mundo se seguirá recordando la señera figura del Presidente Allende.
En Chile, donde si bien es cierto se ha recuperado la democracia y el país en lo formal se encuadra en los parámetros comunes a los países libres del mundo, los hombres y mujeres que fueron la permanente preocupación del Presidente, continúan viviendo con enormes carencias de salud pública, educación, vivienda, seguridad social, transportes y hoy más que nunca la población se ve sometida a la explotación implacable de unos pocos consorcios tanto nacionales como internacionales.
Por tanto mucho aún deberemos los chilenos luchar para conseguir abrir plenamente las Grandes Alamedas que serán la concreción de aquello que los franceses resumieron y proyectaron a toda la humanidad: LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATENIDAD, y por lo tanto seguimos diciendo:
ALLLENDE PRESENTE... AHORA Y SIEMPRE ----------------- Discurso del compañero Danilo Aravena, ex miembro del Comité Central de la JS que dirigió Carlos Lorca Tobar, ex Director de la DIGEDER durante el gobierno de Salvador Allende. Asamblea Nacional de Francia – Homenaje a Salvador Allende en el día del Centenario de su nacimiento. 26 de junio de 2008
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