2008-07-16 1003 lecturas
Alejandro Yánez
especial para G80
Allende y la reforma universitaria en la UTE
1.- El 11 de Septiembre en la UTE
El fatídico 11 de Septiembre de 1973, el Presidente Allende tenía programado visitar la Universidad Técnica del Estado –UTE- y efectuar, desde su Casa Central, el llamamiento al país convocando a un Plebiscito que resolviera democráticamente los conflictos políticos vigentes a la fecha. Dicen que el golpe militar fascista, que estaba preparado para días más tarde, se adelantó para impedir tal llamamiento.
¿ Por qué Allende había elegido a la UTE para hacerlo ?
Sin duda, por el aprecio que le tenía debido al papel que jugaba en Chile la Universidad Técnica del Estado, que vivía un floreciente proceso de Reforma Universitaria, ligada profundamente a las necesidades del país y las aspiraciones del pueblo.
La Reforma Universitaria en la UTE y en el resto de las Universidades chilenas no nació con el Gobierno de la Unidad Popular, sino fue uno de los movimientos nacionales que le prepararon el camino.
¿Qué hizo posible ese movimiento político y social de masas que llevó a Salvador Allende y la Unidad Popular a ganar las elecciones presidenciales en 1970?
En la década del 60, surgieron en Chile grandes procesos populares. Luis Corvalán, a la sazón Secretario General del Partido Comunista de Chile, destacaba al respecto la lucha por la nacionalización del cobre, de los trabajadores organizados en la CUT, de los campesinos por la Reforma Agraria y la lucha de los estudiantes por la Reforma Universitaria. Además, renació en esos años el movimiento cultural que tuvo uno de sus símbolos en la nueva canción chilena.
Todo esto sucedía en el marco de una situación internacional en que la Unión Soviética consolidaba el campo socialista, luego de la derrota del fascismo hitleriano en la 2ª Guerra Mundial, conquistaba el cosmos, respaldaba a Vietnam, a Cuba y su revolución, a todos los países liberados del yugo colonial, planteando simultáneamente la lucha por la paz mundial como aspiración de la mayoría de la humanidad.
Se despertó, en Chile y en muchos partes, una activa solidaridad internacional con las luchas liberadoras en Africa, Asia y América Latina. El enemigo fundamental de los sectores progresistas en el mundo era, sin discusión, el imperialismo norteamericano contra el cual se unían, en activas alianzas, amplias fuerzas políticas y sociales
Todo ello, lo que ocurría en Chile y en el mundo, puso de pie al país demandando un Gobierno popular. Estos procesos de masas, impulsados políticamente por la unidad de comunistas y socialistas, de la cual Salvador Allende y el PC fueron sus firmes defensores e impulsores, prepararon el terreno para el triunfo de la Unidad Popular en las elecciones presidenciales de Septiembre de 1970.
La unidad de obreros, campesinos y estudiantes no era una consigna vacía, sino una rea- lidad político-social que se manifestaba de muchas formas. y en todo el país.
Vale la pena, al inicio del siglo XXI y cuando conmemoramos el Centenario del nacimiento de Salvador Allende, volver la mirada al pasado y rescatar la herencia que nos lega nuestra historia reciente, para ayudar a modificar la situación en que hoy estamos, regidos por la Constitución de Pinochet – aunque lleve la firma de Lagos – y jurídicamente prisioneros de un sistema político-económico bajo el poder exclusivo y excluyente de monopolios nacionales y transnacionales y de sus operadores políticos. En este sistema, definido como del “Estado Subsidiario”, al Gobierno chileno sólo le está permitido actuar allí donde a los monopolios no les interesa hacerlo, porque no es negocio para ellos.
En el marco de esta Constitución no manda la mayoría, sino la minoría. La derecha tiene derecho a veto. Es decir, nada puede hacerse, en el campo político o económico, sin el acuerdo de la derecha, que con la tercera parte del electorado puede vetar constitucionalmente todo lo que no le guste e impedir su implementación.
En la Constitución actual, el triunfo de Salvador Allende y la aplicación del Programa de la UP serían imposibles. Fue específicamente diseñada para que eso no vuelva a pasar en Chile, para que el pueblo no pueda llegar al Gobierno por métodos legales, mientras la Constitución pinochetista esté vigente.
¿Cómo cambiarla?
Pregunta de fondo, pues “constitucionalmente” no podría hacerse sin el acuerdo favorable de la derecha. Y la derecha jamás dará su voto para una modificación de fondo de la misma.
Entonces, recordando a Lenin, “¿Qué hacer?”.
Tenemos que ponernos a analizar con profundidad estos temas, buscar en el pasado lo que puede ayudarnos hoy y descubrir, sobre la base de la nueva realidad nacional y mundial en que vivimos, la manera de retomar la iniciativa política, volver a unir fuerzas e influir en los acontecimientos de nuestro país.
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