2010-02-08 858 lecturas
Perteneció a la generación del 80. Poeta, presidió Comisión de DDHH de la Región de Coquimbo en dictadura
MURIÓ SUSANA MOYA
Nació en 1957. Es Profesora de Castellano y Filosofía; estudió un Mg. en Pensamiento Latinoamericano, en el Centro de Investigación y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de La Serena. Sus textos poéticos, han sido publicados por diversas revistas y antologías y leídos en ciudades, poblaciones y barrios. Pertenece a la Generación -que ella denomina- “del Pasamontañas o Dispersa”, y es coherente con la forma de exponer su trabajo estético en su origen. Continúa leyendo su poesía en Centros Culturales alternativos, “Ocupas”, Comunidades Místicas, Asentamientos de tribus urbanas, Galerías de Arte y Ferias del Libro.
Murió el martes 2 de febrero de 2010. Descansa en paz, Susana Moya.
Es renuente a participar en concursos; no postula a becas, pasantías, Proyectos. Cree que la poesía y los/as poetas se despoetizan entre tanta sistémica competencia. Escribe y le interesa dejar su palabra entre el Pueblo Pobre del que proviene. Su obra aparece en diversas revistas y en las antologías regionales: “Poesía chilena contemporánea, cinco mujeres poetas de Coquimbo y La Serena”(2001) y “Antología de la poesía del valle de Elquí, tomo I”(2002). Y en la reciente, llamada: “El Burro del Diablo, Arqueo de la poesía contemporánea de la Región de Coquimbo”. Fue defensora acérrima de los DD. HH. en tiempo de la dictadura en la región de Coquimbo; también participó activamente en la causa Mapuche y en la protección de los presos políticos en los gobiernos de la Concertación.
Fosa Común
A Matilde San Mateo matriarca
I-.
Ahí nos encontramos
a la vuelta de las muchas vueltas y revueltas
Ahí
justo en ese hemisferio
al lado oculto de la luna
nos encontramos
como momias incásicas
uterinas
acurrucadas
ensolecidos de maíz
nos encontramos
en lo común de nuestros huesos apiñados
II-.
Esta fosa es un barco
que amanece varado a tus orillas
Ahí
entre garúa/lluvia/temporal
olas que azotan
tu miseria
de puerto pobre
Donde Astrid Sue II
se bambolea al atardecer
transgresora
como las caderas de la reina del Caribe
bamboleándose en tu memoria
Esta fosa es un barco
y esta premisa una sentencia
un acta fundacional
un parto
entre quejidos sanguinolentos
Esta fosa que abre sus piernas a todos sus hijos perdidos
esta fosa es Comala
aquí en su hondura cálida
habitamos
con nuestras heridas/costras/supuraciones
aquí en esta fosa navegamos la utopía
de reciclar el dolor
que cruza el paisaje
en la noche tormenta que ruge este desvelo
La vela se apaga
y las calaminas vuelan a otros hemisferios como alfombras mágicas
abandonándonos desnudos de piel
en esta fosa que nos signa y deconstruye
donde tu húmero y el mío se enlazan en posición fetal
oscuros/gredosos/húmedos
III-.
En el escalón superior
le hablaba mirándolo a los ojos
desgranaba eslabones
ironizaba
con ojos enigmáticos
iba desencadenando la voluptuosidad
de las palabras
la enfant terrible
desnudando su hambre/su sed
El hombre de ojos claros sonrío
cuando ella cotidiana
pinceló las razones de su ausencia
y escondió sus dedos entre los cabellos rubios
que caían sobre el poema
y empezaban a ser
garúa que limpiaba esos años de ostracismo
calló la razón de su partida
después de todo
en la profundidad de esa fosa
que importaba
IV-.
Esa mujer gorda
la miraba sin entender
ese montón de piedras dejadas al desamparo
justo en ese lugar que abría paso
a un sendero de rocas subterráneas
donde estrellas de mar
eran delicia de changuitos
que bajaban de los cerros al mediodía
a solazarse huyendo de las olas
que rompían sobre las rocas
cayendo una húmeda lluvia de sal sobre los cuerpos morenos
La mujer gorda inquiría en silencio
ese paisaje donde la huella
de unas manos y unos pasos
a la hora tal vez
en que los niños dormían agotados
después de esa tarde corriendo sobre las rocas
zambulléndose en las pozas
llegaban a sus casas a saborear el pescado de peña
cazado entre juegos
junto a una churrasca
sabor a humo en la boca hambrienta
la piel de güiro
los ojos enrojecidos de sal
caían rendidos de esa placidez que daba el mar
al cuerpo niño
Esas piedras que habían sido puestas
unas sobre otras
formando un montón inaccesible
donde el mar golpeaba
lanzando espuma
cuando los changuitos soñaban
diagonales el piquero
que los señalara
como el mejor
lejos de ese montón de piedras
que develaba el vientre abierto del paisaje
Arturo Volantines
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